El sistema financiero

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1. Introducción.

a) El sistema financiero español Rasgos básicos.

El sistema financiero está formado por el conjunto de instituciones, instrumentos y mercados que canalizan el ahorro desde las unidades económicas que disponen de un exceso de fondos y desean prestarlos hacia aquellas que, careciendo de financiación suficiente, desean tomar dichos fondos a préstamo, es decir, es el conjunto de instituciones que canalizan el ahorro que generan las unidades de gasto con superávit hacia las de déficit. Cabría destacar el papel relevante del mismo en el logro de mayores ritmos de crecimiento, siendo básicamente dos vías a través de las cuales se concreta su influencia: una, posibilitar que un mayor volumen de recursos se canalice hacia la inversión productiva, y dos, mediante el favorable impacto del sistema financiero en los niveles de productividad de capital. En la medida en que el sistema financiero posibilite una asignación de recursos más eficiente, esto es, que los recursos se empleen en financiar aquellas actividades que generan un mayor rendimiento, aumentaría la productividad del capital y, por tanto, el ritmo de crecimiento económico.

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Por tanto, no ha de extrañarnos que los países que cuentan con sistemas financieros más desarrollados y eficientes sean, al mismo tiempo, los que obtienen mejores resultados en términos de crecimiento.

Dentro del sistema financiero podemos encontrar varios tipos de mercados financieros que pueden ser mercados no intermediados e intermediados.

  1. La existencia de mercados permite a los demandantes de financiación pedir fondos directamente a los ahorradores últimos de la economía, para lo cual emiten activos financieros que otorgan a sus tenedores derechos sobre los ingresos futuros del prestatario. Un ejemplo de mercado no intermediado es el mercado de valores, en cuanto que se produce la incorporación del crédito (derecho al reembolso) en valores negociables emitidos por quienes lo necesitan adquiriendo el inversor el crédito al suscribir o adquirir derivativamente el valor. Se distinguen a propósito, dos mercados: a) El mercado primario o “de emisión”: en el que se produce la colocación de los valores por primera vez. La empresa emite el valor, que representa una parte alícuota de su capital, y lo ofrece al ahorro público para que lo suscriba. b) El mercado segundario o “de negociación”: los ahorradores se encuentran entre sí (a través de mediadores pero que no operan por cuenta propia) para realizar transacciones sobre esos valores, invirtiendo o desinvirtiendo.
  2. Los intermediarios financieros se encuentran, alternativamente, entre los ahorradores y los demandantes de financiación, prestando a estos últimos los fondos que piden prestados aquellos. Un ejemplo de mercado intermediado es el mercado bancario o “mercado de crédito”. En él se produce la asignación indirecta (a través del banco) del ahorro a la inversión: no hay relación directa entre ahorrador e inversor, sino que el banco recibe depósitos (reembolsables) del ahorrador y da, por su propia cuenta y riesgo, créditos al inversor. Esta actividad crediticia es lo que se conoce como intermediación financiera o bancaria, que si bien es cierto que coloca a las empresas en una situación de dependencia del crédito bancario, también lo es, que permite llegar recursos a unidades económicas que carecen del tamaño suficiente para acudir a los mercados de capitales.

La preponderancia en cada país de uno u otro tipo de estructura financiera depende de múltiples factores como la tradición, cultura económica, necesidades de financiación, etc., preponderando las entidades bancarias como proveedor de recursos en el continente europeo, siendo el crédito bancario la principal sino la única vía de financiación de que disponen familias y pequeñas empresas.

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Centrándonos en el sistema bancario podemos decir que son la banca, las cajas de ahorro y las cooperativas de crédito las que conforman el mismo en España. Todas ellas se encuentran sometidas al control y supervisión del Banco de España, que ha impulsado el establecimiento de medidas tendentes a reforzar la solvencia de las entidades y la creación de mecanismos de protección de los depositantes. Mientras que los bancos revisten la forma de sociedades anónimas y destinan sus beneficios al pago de dividendos, las cajas de ahorro son entidades sin ánimo de lucro de naturaleza fundacional que emplean sus excedentes en la realización de obras de carácter benéfico-social. Por último están las cooperativas de crédito, cuyo ejemplo más claro son las cajas rurales y que son sociedades de carácter cooperativo que distribuyen entre sus socios los posibles beneficios.

Cabría destacar como a partir de 1980 las entidades bancarias de la mayor parte de los países europeos han procurado ganar dimensión utilizando para ello la fusión entre ellas y la adquisición de otras instituciones de menor dimensión. España no ha sido una excepción, siendo los grandes bancos y las cajas de ahorro las entidades que se han mostrado más activas en este proceso pudiendo recalcar, por ejemplo, el BBVA y Santander, como dos bancos que se integran en el censo de grandes bancos.

Como podemos observar, las fusiones han sido la vía principal para ganar dimensión, posibilitando la generación de economías de escala y la consiguiente mejora de los niveles de eficiencia y rentabilidad. Sin embargo, hoy día las fusiones han tenido lugar a consecuencia de la crisis como explicaremos posteriormente.

Como resumen podríamos decir que el sistema financiero constituye un mecanismo esencial para el funcionamiento correcto de una economía desarrollada, respondiendo el sistema financiero español a un modelo en el que el peso principal de las funciones del sistema recae en los agentes bancarios que son las cajas y bancos de ahorro. Su protagonismo va más allá de la intermediación financiera, como consecuencia de las participaciones accionariales y de las estrechas relaciones que mantienen sus más destacados representantes con entidades no financieras.

b) Origen de la crisis

Los orígenes de la crisis comienzan en Estados Unidos hacia el 2001, tratándose de un suceso económico sin precedentes históricos, que del ámbito monetario y financiero ha traspasado a la economía real. Y dadas las características de la economía global, se ha ido extendiendo desde EEUU al resto de países y teniendo efectos en un gran número de sectores económicos. Además, esos orígenes se hallan principalmente en la infravaloración de los riesgos, la abundancia de liquidez, fallos regulatorios y, en consecuencia, un apalancamiento excesivo.

La reserva federal bajó de forma considerable el tipo de interés (el equivalente del EURIBOR en Europa), de 6% a 1,75%. La historia ha demostrado que el primer efecto de esta medida es que la actividad económica del sector inmobiliario crece al alza, y así fue hasta 2004.

Los bajos tipos de interés, que llegaron a situarse en el 1% durante el 2003, favorecieron que los bancos comerciales y otros agentes financieros tuvieran tanto numerario como para prestar incluso a individuos de escasa reputación y solvencia (subprime).

El proceso por el que se prestaba este dinero violaba los principios tradicionales de la gestión bancaria. Los bancos invertían en activos a largo plazo (créditos hipotecarios) los fondos que recibían en forma de deuda a corto (depósitos a la vista), con la esperanza de atender estas obligaciones a corto plazo reendeundándose en los mercados monetarios interbancarios.

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La existencia del Acuerdo de Basilea, es decir, de una serie de recomendaciones sobre legislación y regulación bancaria cuyo objetivo último es crear un estándar internacional que sirva de referencia en relación con el capital necesario para afrontar los riesgos financieros y operativos de las entidades bancarias y así obligar a los bancos a tener una cierta proporción de activos y líquidos para evitar la concesión indiscriminada de créditos, no evitó que las agencias de calificación concedieran el máximo grado de confianza a inversores cuya probabilidad de impago era más que relevante en términos de riesgo. El caso más importante de este hecho es el de las titulaciones de hipotecas subprime. Este tipo de hipotecas se caracterizan por ser concedidas masivamente a clientes con los que el riesgo es muy elevado.

En definitiva, se produce una expansión brutal del crédito que, al filtrase al mercado inmobiliario, generó un boom que se realimentaba: El crédito elevaba la demanda y los precios de la vivienda, estos precios más elevados permitían unas hipotecas más altas y una perspectiva de rentabilidad mayor, lo que a su vez se traducía en una mayor afluencia de crédito en este sector y, de nuevo, en precios más elevados.

Todo ello llevó a la Reserva Federal, que estaba observando cómo crecía la burbuja inmobiliaria, a subir hasta en diecisiete ocasiones el tipo de interés en Estados Unidos hasta alcanzar el 5,25% en Junio de 2006, para tratar de detener la inflación y las nuevas burbujas de precios en la bolsa y la vivienda No obstante, ya era tarde, y las caídas en bolsa de las empresas inmobiliarias y los impagos en la venta de pisos fueron el resultado del estallido de la burbuja que contaminaría también a toda Europa.

Como en muchas crisis de créditos anteriores, la relajación de las condiciones crediticias durante la fiebre prestamista causó las primeras pérdidas. Aunque el creciente incumplimiento de pagos de los préstamos hipotecarios en Estados Unidos, en particular en el mercado hipotecario de alto riesgo, desencadenó la crisis inicial, los efectos secundarios han sido especialmente graves. La falta de transparencia y la complejidad de la creciente variedad de productos de crédito estructurado ocultaron, incluso a veces a las propias instituciones financieras, la ubicación, el tamaño y el apalancamiento de las posiciones mantenidas.

En EEUU, la cantidad de créditos o hipotecas subprime sufrió un gran aumento desde el 2002. Mientras que en dicho año, el volumen de créditos subprime representaba un 7%, en 2007 era del 12,5%. Así, los problemas generados por el muy probable impago se fueron haciendo mayores por la gran presencia de este tipo de hipotecas en el sistema financiero estadounidense. Además la práctica generalizada de la cesión de créditos, hizo que el impago afectase a entidades con las que inicialmente no se había contratado el préstamo. Por lo que el riesgo financiero se extendió por otros sectores económicos.

Como acabamos de observar la situación se volvió crítica a principios de 2007 cuando empezaron a encadenarse una serie de impagos masivos en los préstamos subprime que hundieron el valor de todos los créditos correspondientes que se encontraban en el activo de los bancos o bien en el de otros instrumentos financieros estructurados (por ejemplo las obligaciones colateralizadas por deuda).

Dado que los bancos tenían que atender sus deudas a corto y que una parte sustancial de sus ingresos había desaparecido, se generó una crisis de liquidez, además, tampoco podía liquidar sus activos subprime para captar fondos, ya que su valor se había hundido.

Fue en estos momentos cuando el Libor, el Euribor y en general todos los tipos de interés de los mercados monetarios se dispararon de tal forma que los bancos afectados por la subprime necesitaban una liquidez adicional (incremento de la demanda de fondos), y el resto no estaba dispuesto a proporcionársela, ante el temor de que no fueran capaces de devolverla (restricción de la oferta de fondos).

Ello originó un temor generalizado a que los depositantes acudieran en masa a retirar su dinero de los bancos y éstos no pudieran devolvérselo. Puede que esto fuera lo que ocurrió con el banco británico Northern Rock a pesar de toda la ayuda pública que recibió.

Una de las medidas que llevaron a cabo los bancos centrales fue la inyección masiva de liquidez para mantener los tipos, sin embargo, se trata de una medida abocada al fracaso. Esto ocurre porque en la medida en que el dólar y el euro siguen perdiendo valor, los inversores huyen hacia valores seguros y la vivienda ya no puede actuar como refugio, así como la bolsa está demasiado sometida a una coyuntura incierta. El único recurso son las materias primas como el oro, el petróleo, la plata o, en menor medida, los cereales.

Esta elevación de los precios de las materias primas, que ya entonces se estaba percibiendo incluso en la economía doméstica (véanselas frenéticas subidas del IPC), da lugar a nuevos riesgos. Por un lado, la renta disponible de las familias disminuye, con lo que su capacidad de repago de las hipotecas también cae. Por otro, los costes de las empresas con productos más prescindibles aumentan sin que aquéllas puedan repercutirlo en los precios; es decir, que sus márgenes de beneficios se estrechan.

Puede que uno de los hechos que contribuyera con mayor fuerza a que las tensiones financieras alcanzaran un nivel extraordinario fuera la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers, ya que las dificultades de liquidez que hicieron caer a la compañía provocaron una gran aversión al riesgo. Por una parte, se produjo un cierre adicional de la demanda de los mercados de financiación a medio plazo, con una retracción de la demanda de productos de deuda que se extendió incluso a segmentos no directamente relacionados con las empresas financieras. En estas condiciones, la presión sobre el mercado interbancario supuso un nuevo y extraordinario aumento de las primas de liquidez. Así, aparecieron los problemas de solvencia, que se mostraron por vez primera en Europa cuando algunos bancos tuvieron que ser rescatados de situaciones críticas.

En definitiva, a pesar del respaldo de liquidez del banco central y, en algunoscasos, de la reducción de las tasas de interés de referencia, la crisis se ha agravado y se ha ampliado. Las pérdidas de las principales instituciones financieras no solo incluyen las vinculadas con las hipotecas de alto riesgo estadounidense sino también las pérdidas por los préstamos apalancados y sus productos estructurados conexos, otros tipos de hipotecas estadounidenses, inmuebles comerciales y préstamos empresariales. Además, como consecuencia del malestar del sector bancario, se han producido restricciones al crédito, endureciéndose las condiciones para la contratación de los servicios financieros; lo cual, además de afectar de manera directa a las economías domésticas, ha tenido repercusión en el plano empresarial, en el que la financiación continua era vital para su funcionamiento.

Consecuentemente, han sido numerosas las empresas que se han visto obligadas a su cierre, procediendo al despido masivo de trabajadores.

Estrechamente relacionada con ello, está la pérdida de confianza de los consumidores, y la consiguiente caída de la demanda. En este contexto, la aversión al riesgo es aún mayor, y el nivel de incertidumbre, máximo.

2. Desarrollo.

a) Incidencia de la crisis internacional en la banca española.

a. España antes de la llegada internacional.

En el caso español, el inconveniente se potencia por la coincidencia de la crisis financiera con el trastorno del sector inmobiliario y el gran endeudamiento de las familias y las empresas, incluso por encima de sus posibilidades. El impresionante total de créditos a promotores, en numerosas ocasiones destinados a la adquisición de bienes inmuebles de insegura recalificación, y de hipotecas concedidas a personas que no superarían una rigurosa valoración de solvencia, es el epicentro original de la crisis en España. Es lo que está suponiendo más complicado refinanciar en unos mercados monetarios que han pasado de un pequeño revuelo a los disturbios de toda una sociedad.

En realidad la recesión de la economía en España ya había empezado en el momento en el que brotó la crisis financiera mundial de 2007, la cual posteriormente llegó a España para acrecentar aún más la recesión. Desde principios del año 2008 España entró en crecimiento negativo (Gráfico 2). Esto se agudizó durante todo el pasado año 2009 y se ha mantenido en lo que llevamos del año 2010. El levantamiento de la economía española, es problemático, porque Bancos y Cajas han transportado profundamente su mala situación de liquidez a las empresas y familias de la sociedad en general. La bajada en los precios de los bienes inmobiliarios perturba tanto a dichas empresas y familias como a las entidades de crédito, con fondos limitados para dar la cara ante una caída de precios, de modo que la crisis de liquidez se ha transformado en crisis de solvencia.

El funcionamiento del sistema crediticio español, al igual que otros sistemas por todo el mundo desarrollado, es una de las causas de que el sector financiero esté del modo explicado. Es un sistema interpuesto, regularizado e investigado por los bancos centrales y por los organismos ordenadores de los mercados de los países en los que se cotizan en Bolsa. Además, se prefija la razón de capital que han de tener, las limitaciones y máximos de las relaciones crediticias con los usuarios, aquéllos activos que pueden ser sacados del balance, se regla el pasivo, cómo se pueden captar depósitos, qué tipo de obligaciones pueden emitirse y la transparencia en las relaciones con los depositantes.

Sin embargo, en los Estados Unidos, la Reserva Federal ha sido más transigente que el BCE y ha consentido extraer muchos más activos del balance y traspasarlos a terceros, con el perfil de activos derivados o estructurados.

Otro factor importante en el sistema crediticio en España es el peso de las Cajas en el mismo, ya que representan un 50% del montante total de créditos y préstamos a particulares y empresas. Si una Caja pierde el capital le es muy difícil restaurarlo debido a que no pueden utilizar el mecanismo de recomposición de capital por las limitaciones de su especial régimen jurídico.

Es este ámbito lo interesante es que las Cajas y los Bancos españoles han incurrido en negocios con más riesgos que los de otros países. Los créditos y préstamos a promotores del sector inmobiliarios han aumentado en diez veces su volumen en ocho años (Gráfico 3) y, sin embargo, los fondos de las entidades financieras tan sólo se han duplicado. La crisis ha forzado la suspensión de pagos de muchos promotores inmobiliarios a partir de 2007, como observamos en la gráfica. Y sucede que el valor de sus activos, en particular el suelo, han tenido probablemente un valor de mercado muy inferior al de compra, lo que sugiere la magnitud de las pérdidas para los bancos que los han financiado.

Describiendo la situación, los promotores se han visto involucrados en serios problemas, que han terminado por pagar precios excesivos por el suelo que han comprado, lo que se tradujo en precios excesivamente elevados de las viviendas. Esto llegó a las familias, que creyeron que podían endeudarse mucho más allá de lo razonable (gráfico 4), y vieron que su patrimonio neto había descendido, mientras su deuda había crecido y además teniendo que pagar intereses más altos que algunos años antes. Como principio y fin de este ciclo, entran en juego los Bancos y Cajas que han financiado la expansión dando todo tipo de facilidades al crédito para promoción inmobiliaria, pensando que los activos reales, suelo y viviendas y todo tipo de edificaciones, son siempre más fiables que las garantías que puede ofrecer cualquier otro sector productivo.

El caso es que una demanda de crédito tan grande, que superaba la capacidad de ahorro nacional, sólo podía satisfacerse en el exterior, por lo que los bancos buscaron fondos fuera del país[1].

Es necesario subrayar que en este endeudamiento han incurrido empresas y familias, básicamente, porque el conjunto de las Administraciones Públicas tienen, hoy, la misma deuda, interior y exterior, en términos absolutos, que en 1997. Los bancos han prestado enormes sumas a empresas y familias, y en los últimos años el endeudamiento de la banca española con el exterior se ha disparado. Las familias españolas gastaban muy poco de esa enorme cantidad de crédito en actividades productivas, y mucho más en consumo y en adquisición y rehabilitación de viviendas[2]. Dichos inmuebles se revalorizaban rápidamente debido al “boom” inmobiliario, pero cuando llegó la crisis internacional del sistema financiero se produjo la caída de los precios del suelo y la vivienda que ha hundido de forma dramática al sistema financiero y a la economía doméstica españoles.

En otras palabras, después de un largo periodo de crecimiento sostenido asociado a la masiva incorporación de las nuevas tecnologías y a la globalización, la crisis 2007-2009 tuvo como origen que la política monetaria expansiva generó unos tipos de interés reales negativos y una notable abundancia de crédito. El resultado fue un sobreendeudamiento generalizado (familias, empresas y entidades financieras).

Las entidades de crédito no han seguido las pautas de responsabilidad financiera, ni para sí mismas ni para sus usuarios. Se han dejado llevar por el clima de beneficio a destajo debido al “boom” inmobiliario que al final ha repercutido negativamente en la economía española en general. Además, como ahora veremos, venida la crisis a más por la repercusión del sistema financiero de los EEUU que han provocado la crisis mundial. Pero está crisis realmente no perjudica a los bancos porque tienen sustento “suficiente” -no todos- para sobrevivir, sin embargo, son las familias españolas y las pequeñas y medianas empresas las que han sufrido de verdad las consecuencias de la crisis, provocando niveles de recesión y desempleo muy importantes[3].

b. España en la crisis internacional.

Dentro del explicado contexto, y no como una crisis que deviniese del exterior, se produjo la crisis financiera internacional de agosto del año 2007. De repente, nadie prestaba, nadie quería financiar -bancos u otras instituciones financieras-. Había serias dudas respecto a la calidad de los activos sobre los que pesaban los créditos bancarios, dudas incluso sobre el valor de los activos, y los bancos empezaron a perder pasivo. Se había producido una crisis financiera mundial, nacida originalmente del temor al impago de las hipotecas “subprime”, como se ha explicado anteriormente, pero extendida pronto a todo tipo de activos. Fue una crisis de confianza tan intensa que casi desapareció el mercado interbancario a nivel tanto nacional como internacional, porque ningún banco se atrevía a prestar a otro banco.

En el final de un gran periodo de expansión de la economía mundial la economía española se enfrentaba a una situación de falta de liquidez y financiación a corto plazo. La raíz interior del problema era inocultable. Alan Greenspan[4] declaró que, tras la crisis de la hipotecas “subprime” en Estados Unidos, lo que más le preocupaba era el riesgo que tenían contraído las entidades financieras, españolas y no españolas, con el sector promotor-constructor-inmobiliario español. Había signos incuestionables de una crisis motivada por un exceso de oferta a precios cada vez menos competitivos, pero los Bancos y las Cajas, preferían pensar que asistiríamos a un suave ciclo de desaceleración económica, de corta duración.

En España, para muchos compradores, su deuda hipotecaria fue superior al precio en 2008 de mercado de las viviendas, fenómeno que inevitablemente incidió en una subida de la morosidad bancaria. En la evolución de la crisis económica en España se han producido pérdidas abultadas en la mayoría de los bancos, cajas y cooperativas de crédito, de manera que el paso desde la falta de liquidez a la pérdida de solvencia fue patente, una razonable preocupación del sistema financiero español, a pesar de su alta calidad y rigurosos controles. Para resolver la situación de falta de liquidez la Banca tomó la decisión de reducir los créditos y préstamos.

La primera sorpresa que se llevaron las familias que pretendían comprar su vivienda, al precio que fuera, incluso si éstos se habían reducido significativamente, pero con criterios más estrictos se consideraba que no ofrecían garantías suficientes, fue que la Banca había vuelto a la política tradicional de exigir a los compradores de vivienda un pago inicial, presentar avalistas con garantías y financiar lo restante de acuerdo a nuevas tasaciones que tienen en cuenta la evolución de los precios en el mercado. Por su parte, constructoras, promotoras e inmobiliarias sufrieron el ajuste duro del crédito y como las ventas de viviendas y suelo se habían reducido en importantes porcentajes, muchas abandonaron proyectos, retrasaron pagos y en los casos más graves optaron por declararse en concurso de acreedores.

Además, los Bancos aumentaron un poco los tipos de interés de nuevas líneas de crédito o de nuevos préstamos a las empresas y a las familias para préstamos al consumo o para actividades productivas, tanto para resarcirse del mayor aumento del coste del pasivo, como para desanimar a potenciales demandantes.

Otra decisión fue la de aumentar la remuneración de los depósitos, en un intento de captar en España los recursos con preferencia a conseguirlos en el exterior. El ahorro se desplazó desde los fondos de inversión a los depósitos, con lo que se consiguió mayor liquidez para el conjunto de la Banca española, y un descenso importante de las cotizaciones de las acciones, obligaciones y otros activos en que tenían invertido su dinero los fondos.

Las transformaciones experimentadas por la actividad bancaria han jugado un papel determinante en la crisis. La pérdida de importancia relativa de la banca tradicional, los nuevos productos financieros y la falta de incentivos para garantizar que los clientes fueran solventes y minimizar el riesgo actuaron como factores dinamizadores. En esa loca carrera por el beneficio basado en comportamientos poco prudentes hay que enmarcar las hipotecas subprime, esparcidas por todo el mundo por instrumentos como las titulizaciones[5] y los CDOs[6], que permitían que las entidades financieras se sacaran de los balances las hipotecas concedidas y pudieran llevar a cabo una imprudente actividad crediticia sin ocuparse de la solvencia de los compradores de inmuebles. Las entidades financieras de los países desarrollados, lideradas por las estadounidenses (prioritariamente orientadas al mercado y no a la banca minorista) actuaron irresponsablemente creyendo que podían crecer ininterrumpidamente sobre la base del ahorro de los países emergentes. Por ello los sistemas financieros más afectados han sido los de los países desarrollados.

Los problemas crediticios de la banca no terminan aquí, ya que el crédito hipotecario español por compra de vivienda durante los años 2005 al 2007 tiene características próximas a las “hipotecas basura”. Los precios que pagaron los compradores fueron muy altos, los créditos hipotecarios concedidos alcanzaron con frecuencia el 100% del valor de tasación y se concedieron a plazos muy largos, en promedio a 30 años y a tipos de interés variable, por lo que a finales de 2009 ha sido mínima la parte de principal que se ha devuelto a la Banca. La subida de precios de los alimentos y los combustibles y la destrucción de empleo afectan directamente a la capacidad de pago de los compradores de viviendas de menor renta de estos años.

Una de las principales secuelas que el año 2008 dejó sobre la economía española es un gran incremento del paro. Durante el 2008 un importante número de empresas presentaron expedientes de regulación de empleo (EREs)[7].

Los efectos de la crisis económica también han tenido un fuerte impacto en el sistema financiero español. Los impagos de numerosas empresas y particulares junto a la mala gestión han llevado a la intervención de algunas entidades financieras por parte del Estado[8].

En esta línea el Banco de España ha contactado con 15 bancos de inversión para poner en marcha un protocolo de actuación para, en caso necesario, rescatar a las cajas intervenidas en menos de 48 horas.

Pese al estímulo fiscal, las medidas han tenido un efecto limitado pues gran parte del dinero se destinó al ahorro y no al gasto.

b) Entidades financieras y su reacción en el momento actual.

Las entidades financieras no solo juegan un papel determinante en el nacimiento de la crisis sino que también desempeñan un papel determinante a la hora de superar los obstáculos que permitan salir de la misma. Para que los mercados crediticios vuelvan a funcionar normalmente es indispensable restaurar la confianza entre las distintas entidades financieras y de estas en la economía real. Solo así la inversión y el consumo podrán reemprender su camino hacia la normalidad. Además de restaurar la confianza, hay que admitir que la superación de toda crisis de sobreendeudamiento y sobreproducción conlleva asumir importantes costes de ajuste (debido prioritariamente al sobredimensionamiento de los sectores inmobiliario y financiero) que las políticas expansivas no podrán evitar.

En cualquier caso, tanto la política fiscal como la monetaria han desempeñado un papel importante para propiciar la salida de la crisis. Por lo que respecta a la política fiscal las estrategias seguidas han consistido tanto en iniciativas tendentes a aumentar el gasto público como las dirigidas a reducir los impuestos, estimulando la creación de empleo y el gasto de consumo. Pero es en el campo de la política monetaria donde las autoridades se han mostrado más activas y donde nos interesa centrarnos si atendemos a la materia objeto de estudio. Además de las medidas convencionales como son el aumento de la cantidad de dinero y reducción de los tipos de interés, se ha recurrido a una expansión cuantitativa del balance de los bancos centrales (operaciones sin riesgo consistentes en la inyección de liquidez mediante la compra de deuda pública), a una expansión cualitativa del balance (concesión de créditos a las entidades financieras con garantías hipotecarias) y a la compra de deuda directamente de las empresas (compra de papel comercial). Estas operaciones han supuesto profundas transformaciones en el balance de los bancos centrales así como un aumento del riesgo asumido por estas entidades.

También es de destacar el riesgo de posibles futuras tensiones inflacionistas, pero el miedo a un escenario deflacionista como el vivido por Japón ha aconsejado este tipo de medidas. Otra pieza importante de las medidas llevadas a cabo por las autoridades para combatir la crisis han sido los rescates de los bancos con problemas. A este respecto la enseñanza de crisis anteriores es muy clara: aquellos países que más diligentemente hayan saneado su sistema financiero, antes conseguirán que las entidades dediquen sus mejores esfuerzos a conceder créditos y no a ingeniar como sacar de sus balances los activos tóxicos.

Por otro lado cabría decir, que debido al origen primero de la actual crisis y a la situación que de ella se deriva, el Gobierno ha llevado a cabo algunas reformas que tratan de garantizar y facilitar la actividad económica a través de sostener y fortalecer el mundo de la banca. Este objetivo se ha llevado a cabo, principalmente, mediante la adopción de los siguientes Reales Decretos:

1.- REAL DECRETO 1642/2008, de 10 de octubre.

Reza así: “...Fijación de nuevos importes garantizados... Los importes garantizados a que se refiere el artículo... del Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito... quedan fijados en la cantidad de 100.000 euros”

2.- REAL DECRETO-LEY 7/2008, de 13 de octubre.

“En primer lugar... el presente real decreto-ley autoriza el otorgamiento de avales del Estado a las operaciones de financiación nuevas que realicen las entidades de crédito residentes en España. Para ello, se establece que durante el año 2008 se podrán conceder avales hasta un importe máximo de 100.000 millones de euros, considerándose incrementado en dicha cuantía el límite establecido en el artículo 54 de la Ley 51/2007, de 26 de diciembre... en segundo lugar, se autoriza con carácter excepcional la adquisición de títulos aptos para el reforzamiento de los recursos propios de las entidades de crédito.”

3.- REAL DECRETO-LEY 9/2009, de 26 de junio, sobre reestructuración bancaria y reforzamiento de los recursos propios de las entidades de crédito que establece una serie de medidas para poder llevar a cabo la estrategia necesaria en materia de reestructuración bancaria mediante el establecimiento de un proceso predeterminado que se dirige a incrementar la fortaleza y solvencia del sistema bancario español.

El modelo de reestructuración bancaria propuesto se articula en torno a los tres Fondos de Garantía de Depósitos en Entidades de Crédito y a la utilización de una nueva institución creada al efecto, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria. Con relación a los procesos de reestructuración cabe distinguir tres fases: (I) la búsqueda de una solución privada por parte de la propia entidad de crédito, (II) la adopción de medidas para afrontar debilidades que puedan afectar a la viabilidad de las entidades de crédito con participación de los Fondos de Garantía de Depósitos en entidades de crédito y (III) los procesos de reestructuración con intervención del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria.

El propósito de estas medidas es obvio; consolidar el tambaleante sistema financiero es imprescindible ante el riesgo de una huída en masa de los capitales acumulados en las diferentes entidades. Tal y como se dice en el primero de ellos:

“Con esta medida se pretende mantener e incrementar la confianza de los depositantes e inversores en nuestras entidades de crédito y Empresas de Servicios de Inversión.”

c) Fusiones Cooperación entre bancos.

Esta crisis ha puesto de relieve nuevamente una disyuntiva frente a la posibilidad de que una entidad quiebre o se encuentre en una situación muy complicada. Ante este panorama existe una pregunta que podemos hacernos. ¿Fusión o intervención? Frente a esta situación, las cajas de ahorro rurales, están estudiando una propuesta seria, la integración de las 72 entidades de este tipo bajo la denominación Sistema Integral de Protección (SIP).

Para ello, han encargado a Analistas Financieros Internacionales (AFI) la confección de un plan para llevar a cabo una estrategia que contempla ofrecer mayor solvencia y cobertura para dar servicio a clientes, como también proyectarse frente al mercado bajo un mismo nombre, una marca e imagen.

Ante este panorama, muchos se preguntan si es posible que el Estado intervenga un banco o caja de ahorros. Sin embargo, el Gobierno descarta esta posibilidad y prefiere otras vías intermedias como la inyección de capital, y mucho más lejos se encuentra la intervención y/o la mismísima nacionalización.

No obstante, y para bajar los decibeles, lo primero que debería buscarse es la entrada de capitales privados, y ante la negativa, podría participar, pero sin controlar la entidad.

El pasado año, se dio curso a la compra de activos financieros y de avales para que las entidades obtuvieran liquidez, sin llegar al extremo de tener que entrar en alguna de ellas.

Por lo tanto, llegar a intervenir o en el peor de los casos nacionalizar, es una medida extrema, ya que otra vía que algunas cajas de ahorro han empezado a contemplar, y otras a formalizar, es la fusión con el apoyo del Gobierno. Cabría, por tanto destacar algunos ejemplos de fusiones que han tenido lugar en el sistema financiero español.

a. Unicaja y Caja Jaén.

Caja de Jaén y Unicaja suscribieronsu escritura de fusión, lo que permite la constitución de una nueva entidad gracias a las rúbricas que plasmaron sus respectivos presidentes, José Antonio Arcos Moya y Braulio Medel.

La nueva entidad se consolida desde su inicio como la primera entidad financiera de Andalucía y una de las mayores cajas de ahorros de España, ubicándose en cuarto lugar por beneficios, con 266,6 millones de euros, con un patrimonio neto cercano a los 3.000 millones.

La fusión refuerza la solidez de ambas cajas, lo que permite a la entidad resultante contar con un alto nivel de capitalización, con un coeficiente de capital básico del 12,2%.

La caja resultado de la fusión de Unicaja con Caja de Jaén tiene como denominación Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Ronda, Cádiz, Almería, Málaga, Antequera y Jaén, con sede social en Málaga. El nombre comercial de la nueva entidad es Unicaja, si bien durante un periodo de tiempo convivirán las marcas de las entidades fusionadas.

Este proyecto se originó en 2009, siendo aprobado por los consejos de administración de las dos entidades el pasado 13 de agosto, yademás de este proceso, Unicaja mantiene un protocolo de intenciones de fusión con Cajasur.

A la nueva caja resultante de la fusión le correspondería un volumen de negocio superior a los 55.000 millones de euros, 953 oficinas y 4.871 empleados.

Respecto a la Obra Social, está previsto que se mantengan las obras sociales desarrolladas por Unicaja y Caja de Jaén y la resultante dela nueva entidad nace como la Obra Social privada más importante de Andalucía, con un presupuesto superior a 53 millones de euros (correspondiente a 2010), 5,2 millones de beneficiarios, más de 5.800 actividades anuales, 174 centros de actividad y un impacto en el PIB nacional superior a los 112 millones.

Sobre los órganos de gobierno, indicaron que está previsto que en el Consejo de Administración de la nueva entidad continúen en los cargos el presidente, vicepresidente primero, vicepresidente segundo, secretario y vicesecretario que lo son ahora de la actual Unicaja, incorporándose un vicepresidente tercero, cargo que ostentará un miembro del Consejo de Administración de Caja de Jaén.

Los órganos de gobierno de la nueva entidad tendrán la siguiente composición durante el período transitorio de tres años: la Asamblea General contará con 190 miembros (los 160 actuales de Unicaja y 30 por parte de Caja de Jaén); el Consejo de Administración, 27 miembros (los 20 actuales de Unicaja y siete por Caja de Jaén), y la Comisión de Control 13, (los diez de Unicaja y tres por Caja de Jaén).

b. Caja España y Caja Duero.

La grave crisis económica de la construcción salpicó enormemente a Caja Duero, que se vio obligada a comprar incluso 208 viviendas a un constructor madrileño en la localidad toledana de Seseña para intentar recuperar parte de los 68 millones de euros que le había prestado.

En cuanto a Caja España, su situación antes de la fusión tampoco era envidiable, el ratio de morosidad de la entidad se situaba en el 3,9 %, algo más de dos puntos por encima de la registrada un año antes y 1,6 % por encima de la de hace tres, cuando la tasa alcanzó el 2,33 por ciento.

Todo ello, entre otras cosas, llevo al Consejo de Administración de Caja España de Inversiones, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en su reunión celebrada el día dieciséis de marzo de 2010, ha aprobar el Proyecto de Fusión con la Caja de Ahorros de Salamanca y Soria (Caja Duero), mediante creación de una nueva entidad denominada “Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria, Caja de Ahorros y Monte de Piedad”.

El objetivo que se pretende alcanzar con la fusión es crear una caja de ahorros fuerte, rentable y solvente, capaz de dar respuestas a los grandes retos que demanda, a corto y medio plazo, la sociedad en general y en concreto el sector agrario ante un entorno económico muy complejo a nivel nacional e internacional.

Con el fin de alcanzar un posicionamiento óptimo para el desarrollo de la nueva Caja fusionada, el modelo de negocio se ha diseñado en torno a cuatro grandes ejes, una estrategia basada en los negocios bancarios tradicionales; un plan ambicioso de reestructuración, enfocado al aprovechamiento de las economías de escala y a la mejora de la eficiencia así como un compromiso con la Obra Social.

Además, se prevé que se ponga en marcha un proceso de recapitalización con apoyo del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), destinado a reforzar los recursos propios durante el proceso de fusión. Para llevar a cabo este plan de negocio, Caja España han acordado solicitar al FROB 525 millones de euros de préstamo que será devuelto en un plazo máximo de cinco años. De forma paralela se está negociando con los representantes de los empleados un plan laboral, que incluirá la necesaria racionalización de la plantilla, de la red comercial y de los servicios centrales. Caja Duero ha insistido en que no habrá despidos, ni recolocaciones geográficas, sino que pretenden lograr ese recorte por medio de la no renovación de los contratos temporales, bajas incentivadas y prejubilaciones de empleados a partir de los 54 años de edad. Con respecto a la Obra Social, la nueva Caja de Ahorros será respetuosa con los compromisos adquiridos por las dos Cajas fusionadas.

d) Problemas de las entidades derivadas de la crisis.

-Morosidad.

El número de clientes de bancos y cajas que no puede hacer frente al pago de sus hipotecas ha aumentado en España de forma espectacular durante los últimos tiempos. Respecto a ello, el ministro de economía Pedro Solbes considera preocupante el rapidísimo incremento de la morosidad y por ello ha pedido al Banco de España que sea muy riguroso en la supervisión de estas entidades, ya que la morosidad ha pasado en un corto intervalo del 0,36% al 2,15%.

En las actuales circunstancias, conviene distinguir entre la morosidad y la dudosidad. Según la normativa financiera, cuando hay duda de que el cliente no va a poder atender sus pagos en las fechas establecidas, en ese momento hay que calificar a ese cliente como de dudoso cobro. Técnicamente, moroso es el que no ha podido hacer frente a un vencimiento. Cuando se produce un impago, tarda tres meses (o cuatro vencimientos) en adquirir la calificación de moroso; por lo que el reloj empieza a contar desde el primer impago. Los préstamos hipotecarios se provisionan a los 3 años de haber entrado en mora. Ambas situaciones tienen la misma trascendencia contable en las entidades, aunque no se refieran a los mismos hechos (la dudosidad es subjetiva). Sean dudosos o morosos, el caso es que los impagos crecen de manera preocupante.

En este actual escenario, las entidades financieras españolas buscan alternativas para intentarsolventar por cualquier medio las deudas impagadas. Algunas de esas soluciones pasan por refinanciar deudas, ofrecer seguros por desempleo, o conceder préstamos personales que únicamente sirven para pagar cuotas hipotecarias. También estudian como opciones las daciones de inmuebles en pago de deudas y, en último extremo, las adjudicaciones judiciales de inmuebles. En estos dos últimos casos, cobra especial importancia el valor de tasación, para definir el valor que se ha de aplicar tanto en caso de cesiones como en el de adjudicaciones.

Las entidades están tratando eliminar las dudas y los impagos a cualquier precio, aseguran fuentes financieras consultadas. Entre las soluciones que barajan están la concesión de préstamos personales con avalistas para ir pagando el préstamo, la oferta de seguros por desempleo para ampliar las garantías, o la refinanciación de deudas. Es práctica habitual dejar en descubierto una cuenta corriente y cargar el préstamo hipotecario cuando se ingrese la nómina. Esta práctica, que resulta onerosa para el cliente - porque ha de pagar intereses y comisiones - está siendo modificada en los últimos meses, ante el creciente clima de desconfianza. Si hace pocos meses las entidades esperaban tres días hasta que ingresara la nómina para cobrar el vencimiento íntegro, ahora ya no esperan ni eso, dejan la cuenta en descubierto con la cantidad que haya y el resto lo cobran después.

- Cambios en el tipo de interés.

El tipo de interés es el porcentaje aplicado al capital pendiente de amortizar de un préstamo para calcular los intereses que debemos pagar. Podemos encontrarnos con varios tipos de interés:

  • Interés fijoque es aquel que permanece constante durante la vida del préstamo en cuestión.
  • Interés variableaquel que fluctúa y que es revisado durante toda la vida del préstamo.
  • Interés mixto, compuesto por periodos de tiempo a interés fijo y otros periodos en los que el interés es variable.

Cabe decir que España, hasta la entrada del Euro, se ha situado en un entorno de altos tipos de interés y de escasez de crédito.

Los últimos diez años han sido diferentes. Los tipos de interés han sido bajísimos, de hecho han estado, casi siempre, por debajo de la inflación, y ha habido superabundancia de crédito. Los bajos tipos respondieron a la política del Banco Central Europeo y la abundancia del crédito al imparable crecimiento de la economía española animada, en parte, por las reformas del período 1996-2000 y, en mayor parte, por un euro que eliminaba los riesgos de unas políticas monetaria y fiscal nacionales descontroladas por parte de España y de cualquiera de los países miembro del euro. Empresas y familias contemplaban el futuro con optimismo y, en consonancia con el mismo, aumentaron su endeudamiento, para invertir y para consumir. Este gasto se ha traducido en crecimiento económico, en creación de empleo y en la entrada en España de cinco millones de inmigrantes. Sin embargo, el panorama actual es bien distinto.

En relación con los tipos de interés, en el siguiente cuadro se reproduce numéricamente la evolución de los tipos, tanto para activos como para pasivos, en la zona euro, en los últimos años, en concreto desde 2004 hasta mayo de 2010.

Merece la pena destacar como, en 2004, el euribor a doce meses se situaba en el 2,27% y como, en 2008 había subido hasta el 4,80%, sin embargo, actualmente nos situamos alrededor del mínimo histórico, en concreto en un 1,22%. Mientras que el tipo medio de préstamos hipotecarios a más de tres años en el conjunto de entidades rondan el 3,35% en 2004, experimenta una subida en 2008 hasta alcanzar el 5,85% y vuelve a bajar más aún que en 2005 hasta el 2,78% en marzo de este año.

Al margen de lo expuesto, con respecto a la variación de tipos de interés y el manejo de los mismos por las entidades financieras cabe destacar las denominadas “cláusulas del suelo”, cláusulas que salieron a la luz hace un año y por las que, las entidades bancarias, fijan un tipo de interés del que no se puede bajar, lo que lleva a que un ciudadano con una hipoteca de 200.000€ a 30 años está pagando alrededor de 2.000€ más que si se aplicara el Euribor.

Esta declaración explica la demanda que ha puesto la asociación, Adicae, contra 22 entidades bancarias nacionales por considerar abusivas las cláusulas del suelo en las hipotecas. Esta denuncia es la primera de estas características en nuestro país[9].

A pesar de ello, podemos concluir que actualmente no se esperan grandes cambios con respecto a los tipos de interés, puesto que el Banco Central Europeo ha dejado el precio del dinero en el 1 por ciento desde hace un año para apoyar la reactivación de la economía de la zona del euro.

- Necesidades de financiación externa.

Cuando hablamos de necesidad de financiación externa, estamos hablando de deuda privada, puesto que las entidades financieras no son agentes públicos.

El total de la deuda española, según los últimos datos del informe de McKinsey[10], es de 3.420.000.000.000, de los cuales corresponden: a la deuda pública 470.000 millones, a la deuda de empresas 850.000 millones, a la deuda de los hogares 1.360.000 millones y a la deuda de las entidades financieras 750.000 millones.

Por lo que, debido al peso que adquiere la deuda de las entidades financieras en la deuda de España (22%) ésta es considerada un problema. La deuda de las entidades financieras está generada por los masivos préstamos ofrecidos por la banca y pedidos por empresas y familias españolas, gran parte de ellos créditos tomados del exterior ya que aquí era insuficiente la cantidad de ahorro generado para satisfacer las ansias de gastos. Cabe decir que, aunque el mayor porcentaje de deuda lo hayan contraído las familias y empresas, en realidad quien ha ido al mercado exterior a pedir ese dinero han sido las entidades financieras.

Por resumir, en términos de deuda existen dos individuos, el “ahorrador” y “el gastador”. El problema de España, (y de otros países como Italia, Grecia o Portugal) es que todos somos “gastadores” y para más inri, que se duda mucho del “gastador”. Por eso, es normal que en nuestro país se estén pagando tipos de interés en plazo fijo del 4 %, las entidades financieras españolas necesitan más y más dinero, y cada vez les será más difícil y más caro conseguir dinero de los ahorradores internacionales, por eso se pelearan por el poco que haya aquí. Puesto que tienen la dificultad añadida de que una parte considerable de su deuda privada, en concreto, 350.000 millones, tienen vencimiento antes de 2013.

3. Previsión en los próximos años

Las medidas adoptadas hasta el momento por los países afectados por la crisis económica han tenido, tal y como hemos visto, una eficacia en cierto modo cuestionable en algunas zonas concretas. Estas medidas van dirigidas fundamentalmente a recuperar la estabilidad de los mercados financieros, lo cual en algunos casos significa, evitar un desplome aún mayor. Para conseguir ese objetivo, los bancos centrales han procurado un aumento de la liquidez y planes de estímulo fiscal, para así recuperar la confianza perdida de los agentes y evitar que la actividad productiva se detenga y colapse.

La resolución del sistema financiero, según el economista Jefe de la Unidad de Tendencias Globales, David Tuesta, implicará la restructuración de las instituciones financieras y no financieras a fin de lograr el normal funcionamiento del canal de crédito, el fortalecimiento del marco legal y el desapalancamiento de los balances de los bancos y empresas. Tomar un marco de referencia legal único para el funcionamiento del sistema financiero global sería un punto de partida clave. Hay que tener en cuenta que la economía global en general, y el sistema de bancos en particular, han estado funcionando durante años sin un marco legal e institucional común. Así la cesión de créditos “basura”, activos “tóxicos”, etc. se ha producido masivamente, sin ningún tipo de control. Esto resulta especialmente grave cuando se ha querido averiguar cuánta cantidad de tales activos existen actualmente en el mercado financiero.

Ese marco legal e institucional único implica la coordinación de gran cantidad de países, lo cual complica aún más la salida de la crisis financiera mediante el cambio en la estructura institucional.

Conclusiones

La crisis financiera internacional ha encontrado un terreno abonado en España, dado su alto grado de endeudamiento, la importancia de la burbuja inmobiliaria y lo poco competitivo del modelo de crecimiento. Estas debilidades estructurales justifican la alarmante evolución de la tasa de desempleo. Las rigideces de la economía española también contribuyen a explicar el drástico empeoramiento de las cuentas públicas, lo que sugiere una situación insostenible a largo plazo. Por otro lado, la debilidad del marco institucional es un factor que incide negativamente en la competitividad, en la capacidad de innovar y en la creación de empleo.

Pero incluso de una crisis como la de 2007-2009 y a pesar de los problemas estructurales esbozados se acabará saliendo. La caída de los tipos de interés, la desaparición del diferencial inflacionista, los estímulos fiscales aplicados, el hecho de que algunos países ya han tocado fondo y puedan ejercer un cierto efecto arrastre y la aprobación de un plan de rescate de las entidades financieras son hechos positivos que terminarán incidiendo favorablemente en la marcha de la economía. Puede que los mercados se muestren reacios a financiar un endeudamiento tan elevado como el español, sino es aplicando unos diferenciales de tipos de interés muy gravosos, pues no hay duda de que la lucha por el crédito a nivel internacional va a ser dura. En fechas recientes esta posibilidad y sus negativas consecuencias sobre el sistema financiero, ha sido desatada con tintes alarmistas por diversos analistas.

Con respecto al plan de rescate español los líderes del Eurogrupo ya han definido tres medidas excepcionales de intervención que afectan bien directa o bien indirectamente a las entidades financieras:

  • El BCE podrá comprar emisiones de deuda de los Estados con más dificultades en los mercados, como España, Grecia, Portugal, Irlanda o Italia, y lo hará de forma masiva igual que la Reserva Federal en EEUU.
  • De otra parte, se espera que vuelva a inyectar liquidez durante un año “de manera ilimitada” para financiar ampliamente el sector bancario.
  • Y, por último, puede aceptar todos los bonos de deuda de cualquier Estado como garantía para dar préstamos a los bancos privados sin considerar los ‘ratings' de la agencias de calificación por muy baja que sea la ‘nota' del título.

Por otro lado, debemos afirmar que las entidades financieras/bancos han cambiado el chip en los últimos meses. Aunque en estos últimos tiempos se han centrado en reducción de riesgos y refinanciaciones para evitar los concursos de acreedores, las entidades financieras han decidido seguir desarrollando su negocio, es decir, prestar dinero. Entre las entidades que ostentan en la actualidad una mejor posición podemos destacar al banco Santander y al BBVA, y en el entorno de las cajas a Caja Madrid y La Caixa, aunque éstas ven su posición bastante amenazada por las fusiones realizadas en este último año.

A pesar de ello, y aunque todos queramos ser optimistas, la realidad es que los primeros meses del año 2011 van a ser duros en España debido al estancamiento del desempleo, los problemas en las entidades financieras, la falta de grandes decisiones por parte del Gobierno, la parálisis del sector inmobiliario y las grandes dificultades en el consumo. Si a eso le unimos un sentimiento de desconfianza generalizado, parece que la tormenta perfecta seguirá instalada en nuestro país en el primer semestre de 2011.

Toda esta situación no se ha provocado por la crisis financiera internacional sino por un problema de fondo que está por resolver: España es poco competitiva a nivel internacional, excepto en unos pocos sectores, debido a un modelo de costes altos para el nivel de innovación que ofrecen nuestras empresas.

El crecimiento del desempleo y la desconfianza generalizada actual va a generar que el consumo siga difícil debido al fenómeno conocido como espiral negativa, es decir, que al no resolverse el problema económico general, el desempleo crece. Al crecer el desempleo, se contrae el consumo. Al contraerse el consumo, sufren las empresas que siguen destruyendo empleo. Y así sucesivamente.

A todo ello, hay que añadir que el sistema financiero español se enfrenta a un año con problemas importantes debidos a la calidad de activos de sus balances, las dificultades en el negocio y los márgenes, las obligaciones de vencimiento de la deuda y el incremento de la morosidad. Además se ha empezado una carrera de fusiones entre cajas para solucionar el problema que va a tener un coste muy alto para los contribuyentes y con resultados que son una incógnita.

Parece que la única buena noticia es que el comportamiento de los países europeos sí que muestra una clara recuperación (aunque débil aún) y se podría pensar que pueda haber cierto efecto arrastre en los sectores donde somos exportadores.

Por todo ello, podría afirmarse que ya estamos tocando fondo. Lo peor de la situación acabará en el segundo semestre de este año y después, estaremos bastantes trimestres sin crecer ya que no hay empresas o sectores que se postulen como claros motores de la economía.

4. Bibliografía

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  • http://www.juandemariana.org/articulo/1749/origenes/crisis/
  • http://www.lafinanza.es/post/El-origen-de-la-crisis-economica
  • http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2008/06/pdf/fd0608.pdf
  • Carlos E. Rodríguez. LA CRISIS FINANCIERA. El escenario internacional y las particularidades españolas. Notario del siglo XXI. Revista online del colegio notarial de Madrid. http://www.elnotario.com/egest/noticia.php?id=1571&seccion_ver=0.
  • Francisco Mochón Morcillo. Enseñanzas de la historia y condicionantes políticos. La salida de la crisis. Notario del siglo XXI. Revista online del colegio notarial de Madrid.
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  • Krugman, Paul R. El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual / Paul Krugman. Barcelona : Crítica, 2009.
  • Mendoza, Enrique G. Sudden stops, financial crises and leverage: a fisherian deflation of Tobin´s Q. NBER Working paper 14444. October 2008
  • Mochón Morcillo, Francisco. Economía: teoría y política. 6ª edición: McGraw-Hill, 2009.
  • Artículo: Entidades financieras en problemas: ¿Fusión o intervención? Publicado por Matias Torres - 24/03/09
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  • http://www.bde.es/webbde/es/estadis/tipos/tipos.html
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  • Artículo de Alberto Recarte: “La crisis financiera internacional y el crack financiero español&r